...cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar la dicha... además de las circunstancias externas, pasará a ser decisiva la constitución psíquica del individuo". Sigmund Freud
Así titulé un espacio de conversación realizado en un Centro de jubilados docentes, al que fui invitada para tratar un tema que les inquietaba a sus integrantes: el no querer envejecer, el no sentirse identificados con el nombre de jubilados.
Desde el inicio invité a realizar un movimiento: ir de lo que no se quiere, o lo que no representa, hacia la posibilidad de disponer de un lugar contando con lo propio, ya sea geneando, en el sentido de construir la propia forma de vida; como también en otro sentido, el de tomar un lugar como sujeto, en el orden de las generaciones.
Al respecto, hice un recorrido sobre un texto de Sigmund Freud: "El malestar en la cultura", para ponerlo en conversación con nuestro tema.
- La cultura designa el conjunto de operaciones y normas que regula la sociedad, frente a las cuales el humano siente cierta seguridad, de otro modo quedaríamos bajo la arbitrariedad del poder individual. En la sustitución del poder individual por el de la comunidad, hay un paso cultural, pero a la vez se localiza la hostilidad que acarrea la renuncia de lo excesivamente singular.
- La teoría de Freud sobre lo que favorece el agrupamiento, es el trabajo. El trabajo y la producción cobran el valor de un bien, cuestión tan actual hoy en día.
El desarrollo del texto ronda temas como: la felicidad y el sufrimiento.
Siendo la felicidad una situación que pertenece al instante, solo podemos gozar con intensidad el contraste, muy poco el estado.
El sufrimiento ataca desde tres fuentes: el propio cuerpo, la naturaleza y el vínculo con otros seres humanos.
Nunca dominamos completamente la naturaleza, nuestro organismo siempre será una forma perecedera (no podemos suprimr todo padecimiento, pero sí mucho de él). La conducta es distinta frente a lo social, no podemos entender la razón por la cual las normas que nosotros mismos hemos creado, a veces nos son tan ajenas.
Hay dificultades inherentes a la esencia de la cultura, el texto de Freud deja dicho que se trata de la ubicación del malestar como algo estructural.
Para remitirnos a nuestro tema, podemos decir que entre las normas existentes en nuestra cultura está la ley laboral, que estipula que una persona, luego de "x" años de actividad laboral y cumplida cierta edad, pasa a la condición de jubilado.
Aliento a revisar el modo singular de afectación al respecto, tal vez actualice en alguien un padecer antes obturado por la ocupación desempeñada, podrá producir en otro un efecto sobre lo real de la edad, incluso en alguien la posibilidad de desplegar alguna iniciativa... cobrará sentidos diferentes en cada quien.
Pensemos en la tensión entre lo singular y social y resaltemos los diferentes sentidos que cobran para cada una estos nombres, ya que posibilita salvarse de la alienación de una palabra adherida a un sentido común, externo al sujeto. Se trata de hacer entrar la varidad, contando con lo que hay en cada uno, en dirección a disponer de los propios recursos para hacerse un lugar en la sociedad, de otro modo que cargando con una palabra extranjera para sí mismo.
Entonces no hay un mundo terminado, no hay nada de por sí, lo que hay es el devenir de lo que cada uno va construyendo y el uso que hace de ello. Cada quien decidirá como desea habilitar su mundo. La vida es generar, unicarse en la generación, y seguir generando para existir, pues que algo dure, es que continúe produciendo efectos.
Discernir la dicha posible es un problema singular, no existe consejo válido para todos, en cada sujeto lo decisivo es su constitución psíquica, identificando cuales son sus recursos subjetivos y ubicando que uso se hace de los mismos.
El psicoanálisis se dedica a hacer hablar una diferencia, para que el sujeto enuncie lo que tiene de singular y haga con eso.
Lic. Adriana Soto

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