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febrero 15, 2011

Consejos antes de ir al diván

El psicoanálisis (en este término incluiremos la práctica ortodoxa y las psicoterapias basadas en la teoría psicoanalítica) continúa siendo el mejor instrumento conceptual y práctico para el desciframiento de los mecanismos de la mente y para el tratamiento de los problemas psicopatológicos del ser humano.  Por ello acudir a la consulta de un buen psicoanalista, es decir con un profesional de buena formación y de honesta vocación, es la mejor decisión a tomar ante síntomas que dificultan el vivir.  Es bueno estar prevenido ante ofertas de tratamientos "más rápidos y más eficientes" que, a la larga, demuestran su inoperancia luego de hacer perder tiempo y dinero.

Uno de los problemas más serios es que hoy se llama "psicoanalisis", genéricamente, a una amplísima variedad de tratamientos o seudotratamientos, muchos de ellos ejercidos con irresponsabilidad por quienes no han recibido la formación que Freud consideraba indispensable: un riguroso psicoanálisis personal, supervisiones con profesionales de mayor experiencia, la severa protección del secreto profesional.  Es de reconocer y de lamentar que en los últimos años el psicoanálisis haya sufrido un proceso de degradación similar a todas las actividades nobles en nuestro país y que la crisis económica haya afectado la posibilidad de formarse para los terapeutas y la de tratarse para los pacientes.
Es por todo ello que no estarán de más algunos consejos:

1. Elija bien a su psicoanalista.  No es tarea fácil.  El pudor que habitualmente provoca el necesitar tratamiento psicoterapéutico hace que la búsqueda sea más tortuosa que elegir un oculista o un abogado.  A veces será una prima o, mas frecuentemente, la voz impersonal de una empleada de la obra social o de la prepaga comuinicará el nombre y teléfono de alguien que figura en la cartilla, preferentemente cerca de su domicilio.  Lo mejor será elegir con cuidado pues no es improbable que en ello esté en juego el destino de su vida.  No vacile en solicitar en la obra social o en la prepaga el currículo del terapeuta recomendado, están obligados a dárselo.  Sepa también que los únicos autorizados a ejercer legalmente la psicoterapia son los psicólogos/as y los médicos/as.  Los formados en "counseling" o en psicología social tienen otras incumbencias y delinquen cuando invaden el campo terapéutico.

2. Usted le paga a su psicoanalista para que lo ayude a resolver sus problemas, no para ser amado por él o por ella, tampoco se sienta en la obligación de devolverle amor.  Deberá esperar un trato cordial como el que se sobre entiende entre personas civilizadas pero desconfíe si su psicoanalista se esfuerza por ser seductor y amigable, ello puede ser un serio obstáculo en el curso de un tratamiento.  Si alguna vez se escucha a usted misma diciendo "mi analista es muy simpàtica, somos muy amigas" tenga por seguro que algo está funcionando mal.  Tanto afecto recíproco será un obstáculo para su progreso porque en el tratamiento no sólo se habla de sus dificultades para vivir sino que, afortunadamente, también las transferirá a la relación terapeútica.  Por ejemplo, alguien que ha tenido un padre muy autoritario y por lo tanto odiado transfiere inconcientemente dicho sentimiento a todos quienes ocupan un rol de autoridad en su vida.  Es por ello que el progreso en su profesión o en su trabajo se verá dificultado porque sostendrá una mala relación con sus jefes-padres.  Bienvenido será entonces que reproduzca dicho síntoma en su relación psicoanalítica pues es allí donde podrá hablarlo, concientizarlo y modificarlo gracias a que atravesará una etapa de "mala relación" en que se atrasará en el pago de los honorarios, o faltará con frecuencia, o reprochará a su analista la inutilidad de su tarea.  Esto será imposible en aquellos "psicoanalisis" que se instalan en una inconmovible atmósfera de "amor", de afecto recíproco, lo que suele responder a una íntima necesidad del terapeuta y no a un beneficio para el paciente.

3. No acepta consejos de su psicoanalista. Si éste se siente autorizado a darlos accede automáticamente a la categoría de "amigo", uno más en su lista de bienintencionados consejeros al cual podrá  citar en un bar y compartir un café mientras emprende la búsqueda de un profesional mas consistente.  Es que el escenario del tratamiento no concede al terapeuta el privilegio de saber lo que es bueno o malo para quien se ha puesto de buena fe en sus manos. Ese rol no debe disimular que ese supuesto saber sobre el otro es tan débil como su saber acerca de su propia vida.  ¿Qué potestad le da el derecho a opinar sobre si el paciente debe divorciarse, cambiar de trabajo o mudarse de casa? ¿Acaso él está seguro de las decisiones a tomar en su propia vida?

4. Desconfíe del psicoanalista que le cuenta sobre su vida y se muestra como modelo de identificación.  El buen psicoanalista suele ser silencioso pues sabe que la sesión es el lugar para el habla de quien necesita conocerse mejor, encontrarse en su propia historia (aunque los que son demasiado silenciosos quizás es porque no tienen nada que decir).  El que alguien gane dinero trabajando como psicoanalista suyo no significa que sea una persona más sana ni mejor que usted, simplemente, en el mejor de los casos, ha desarrollado el conocimiento teórico y práctico de un instrumento que lo habilita para ejercer, de la misma manera que un cardiocirujano no supone ser mejor que su operado porque éste lo necesitó para que le coloque un stent en su coronaria.
5. Su psicoanalista no debe tener con usted otro contacto corporal mas que el saludo.  Si durante el tratamiento ese pretendido "psicoanalista" pasa a la acción para "darle" el cariño que a usted le falta o para "enseñarle" a percibirlo está cometiendo lo que se llama un "acting out", actuar sus propios deseos, violando su misión que es la de ayudar a obtener cariño en el mundo de lo real no en el consultorio.  A propósito del erotismo disfrazado de tratamiento me permito darle un consejo: nunca se embarque en una relación afectiva con quien pretende o pretendió ser su psicoanalista.  La idealización que usted deposita en él o en ella por su anhelo de curarse conduce al conocido "amor de transferencia".  Esa idealización no resiste al mal aliento matinal, además es iatrogénico y perturbador tener relaciones sexuales con quien, por efecto de lo transferencial, está investido de proyecciones edípicas e incestuosas.  En algunos países la consumación sexual del vínculo psicoterapeuta-paciente es considerado mala praxis.  Yo estoy de acuerdo.

6. No permita que la frecuencia de sus sesiones sea fijada por razones económicas.  La crisis de nuestro país hizo que las tres sesiones por semana habituales años atrás, descendieran a dos y que últimamente lo corriente sea la única semanal. Su terapeuta debe tener honestidad de informarle, de acuerdo a un correcto diagnóstico, cuál es su recomendación al respecto.  En función de ello ambos buscarán una solución sí son necesarias más de una sesión semanal: una disminución de honorarios, el compromiso de pago futuro, algún otro recurso aunque nunca un servicio personal.

7. Un buen psicoanalista sabe que debe mantener a ultranza un riguroso respeto del "encuadre" dentro del que se desenvuelve su tratamiento, no sólo para establecer el indispensable clima de confianza para el sinceramiento de su paciente, sino también porque la realidad debe interferir lo menos posible en la indispensable dimensión simbólica e imaginaria.  Si es reiteradamente impuntual, si las sesiones son interrumpidas por llamadas telefónicas o por el ingreso de otras personas, si son frecuentes sus viajes y los cambios de días y horarios, despídase.  El campo del psicoanálisis requiere una "asepsia" tan rigurosa como la del quirófano.

8. Si lleva usted varios años en tratamiento y tiene la clara sensación de que esa relación se ha aburguesado y que ya no depara sorpresas como antaño, que se repiten tanto sus relatos como las intervenciones terapéuticas y que se ha ido generando una rutina "psicoanalítica" que se parece demasiado a un matrimonio aburrido, extienda sus alas y levante vuelo.  Mucho más si llega a sospechar que usted se ha transformado en la cuota de algún colegio privado.

9. Es insostenible, salvo casos de excepcional indicación, que si está usted deprimido o angustiado, quizás como efecto deseado del mismo tratamiento, su psicoanalista no apele a los eficaces psicofármacos con que se cuenta en esta época de revolucionario avance de la neuropsiquiatría.  El hecho de que la mayoría de quienes practican hoy el psicoanálisis no son médicos no debería ser óbice para indicar una consulta con un especialista habilitado para medicar y continuar el tratamiento en conjunto.  Un conocido mío que fue tratado por un cuadro depresivo durante varios años sin ser medicado denunció a su psicoanalista por mala praxis y la justicia le dio la razón.  Recordar que en los inicios de su carrera médica Sigmund Freud se dedicó a la investigación neurobiológica y cuando abrió su primer consultorio en Viena debajo de su nombre en la placa de la puerta de calle podía leerse "neurólogo".

Si luego de leer estos consejos usted confirma que su terapeuta es alguien confiable y se comporta de manera profesional tenga por seguro que ha tomado la mejor decisión posible al acudir a un tratamiento psicoanalítico para resolver sus problemas.  Se lo aseguro por experiencia propia como paciente en una etapa crítica de mi vida.


Pacho O'Donnell
(Psicoanalista, historiador y escritor)


Extracto de una nota publicada en la Revista Noticias

enero 16, 2011

Un lugar en la generación

...cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar la dicha... además de las circunstancias externas, pasará a ser decisiva la constitución psíquica del individuo".  Sigmund Freud

Así titulé un espacio de conversación realizado en un Centro de jubilados docentes, al que fui invitada para tratar un tema que les inquietaba a sus integrantes: el no querer envejecer, el no sentirse identificados con el nombre de jubilados.

Desde el inicio invité a realizar un movimiento: ir de lo que no se quiere, o lo que no representa, hacia la posibilidad de disponer de un lugar contando con lo propio, ya sea geneando, en el sentido de construir la propia forma de vida; como también en otro sentido, el de tomar un lugar como sujeto, en el orden de las generaciones.

Al respecto, hice un recorrido sobre un texto de Sigmund Freud: "El malestar en la cultura", para ponerlo en conversación con nuestro tema.

- La cultura designa el conjunto de operaciones y normas que regula la sociedad, frente a las cuales el humano siente cierta seguridad, de otro modo quedaríamos bajo la arbitrariedad del poder individual.  En la sustitución del poder individual por el de la comunidad, hay un paso cultural, pero a la vez se localiza la hostilidad que acarrea la renuncia de lo excesivamente singular.

- La teoría de Freud sobre lo que favorece el agrupamiento, es el trabajo.  El trabajo y la producción cobran el valor de un bien, cuestión tan actual hoy en día.

El desarrollo del texto ronda temas como: la felicidad y el sufrimiento.

Siendo la felicidad una situación que pertenece al instante, solo podemos gozar con intensidad el contraste, muy poco el estado.
El sufrimiento ataca desde tres fuentes: el propio cuerpo, la naturaleza y el vínculo con otros seres humanos.

Nunca dominamos completamente la naturaleza, nuestro organismo siempre será una forma perecedera (no podemos suprimr todo padecimiento, pero sí mucho de él). La conducta es distinta frente a lo social, no podemos entender la razón por la cual las normas que nosotros mismos hemos creado, a veces nos son tan ajenas.

Hay dificultades inherentes a la esencia de la cultura, el texto de Freud deja dicho que se trata de la ubicación del malestar como algo estructural.

Para remitirnos a nuestro tema, podemos decir que entre las normas existentes en nuestra cultura está la ley laboral, que estipula que una persona, luego de "x" años de actividad laboral y cumplida cierta edad, pasa a la condición de jubilado.

Aliento a revisar el modo singular de afectación al respecto, tal vez actualice en alguien un padecer antes obturado por la ocupación desempeñada, podrá producir en otro un efecto sobre lo real de la edad, incluso en alguien la posibilidad de desplegar alguna iniciativa... cobrará sentidos diferentes en cada quien.

Pensemos en la tensión entre lo singular y social y resaltemos los diferentes sentidos que cobran para cada una estos nombres, ya que posibilita salvarse de la alienación de una palabra adherida a un sentido común, externo al sujeto.  Se trata de hacer entrar la varidad, contando con lo que hay en cada uno, en dirección a disponer de los propios recursos para hacerse un lugar en la sociedad, de otro modo que cargando con una palabra extranjera para sí mismo.

Entonces no hay un mundo terminado, no hay nada de por sí, lo que hay es el devenir de lo que cada uno va construyendo y el uso que hace de ello.  Cada quien decidirá como desea habilitar su mundo.  La vida es generar, unicarse en la generación, y seguir generando para existir, pues que algo dure, es que continúe produciendo efectos.

Discernir la dicha posible es un problema singular, no existe consejo válido para todos, en cada sujeto lo decisivo es su constitución psíquica, identificando cuales son sus recursos subjetivos y ubicando que uso se hace de los mismos.

El psicoanálisis se dedica a hacer hablar una diferencia, para que el sujeto enuncie lo que tiene de singular y haga con eso.


Lic. Adriana Soto

abril 21, 2010

Con el tul en la cartera

¿Qué quiso hacer esta mujer?  ¿Se trata de la simpática Susanita... o la versión en tiempo real del casamiento de Muriel... o es la siniestra "La novia de Chucky"?


¿Hay que disfrazarse para enganchar?  ¿De qué nos disfrazamos día a día?  ¿Con un vestido blanco alcanzaría sin importar que el novio se descomponga?  Este es solo un ejemplo, quizás un poco exacerbado (pero real) de las versiones del desencuentro de hombres y mujeres.

Los disfraces de mujer

¿Qué es el disfraz, salir corriendo a comprar el look de la temporada?  ¿Tener el lomo de una top model, o el lacio perfecto de las nuevas cremas alisantes?


Es esto y mucho mas.  Quizás esto que suena superficial encierra muchos misterios más que hacen a la mujer.  


No queremos ser Pampita, pero cuando nos ponemos ese vestido que vimos en la revista, ese simple rasgo hace que seamos otra, otra para nosotras mismas.  El vestido nos cubre el cuerpo sugiriendo, pero no mostrando, siendo nosotras, pero también otra... transformándonos en un enigma para el otro, mientras en el camino no paramos de preguntarnos que será "eso" que lo atrapa.  Engaño que nos hace ilusionarnos pensando que lo que el otro desea es decible, descifrable, alcanzable...


Si algo nos sorprende en la escena del "vestido de novia" es que allí no valía como disfraz, pues no había ningún enigma. La "novia" tenía sus secretos al desnudo.


Entonces, si el disfraz es el que genera el misterio: ¿cuál es el misterio?  Que tras el disfraz no hay nada más que carne y huesos, que solo se transforman en silueta de mujer si hay un velo que lo cubra.  Allí está nuestra inteligencia... en saber qué velo elegir.


¿Por qué en esta época donde menos prohibiciones y tabúes se interponen en las relaciones de pareja es cuando más experimentamos el fracaso del amor?


Para esto tenemos muchas explicaciones "pret a porter": "los hombres le temen al compromiso, solo quieren relaciones "touch and go", o bien: "los hombres temen estar con mujeres autosuficientes porque se sienten avasallados", y más bla bla bla...


¿Tenemos nosotras algo que ver con esto?


La mayoría de las mujeres piensa que no.  Otras parecen ser las dueñas del secreto del amor.  Son las que están siempre radiantes y satisfechas, por lo menos de la boca para afuera... "Que me quiera como soy" dicen otras...


Se podría pensar algunas frecuentes posiciones femeninas frente al amor de un hombre:


La que elige siempre el hombre que la abandona, que la maltrata, que la deja por otra, que no las satisface.  Para ilustrarla: son las que sufrientes por un desengaño amoroso, acaban de haber sido vilmente engañadas, logran reponerse y finalmente conocen a un "hombre distinto" que las lleva y las trae a cenar, al cine, a pasear por lugares con onda, las llama para saber como están, y de repente... lo encuentran con otra.  Otra bastante parecida a la nueva novia del "ex".  ¡Qué casualidad!  ¿Qué hacer ahora?  "Todos los hombres son iguales" gritan a los cuatro vientos, mientras se encierran en jogging a comer helado y ver un video el sábado a la noche, hasta que se sientan lo suficientemente restituidas como para salir "al mercado" una vez más en busca de un nuevo "hombre distinto".


La que elige el amor prohibido donde desde el comienzo hay un obstáculo garantizado.  Siendo justamente esto lo que asegura la pasión.


Como reconocerla:


No nos sorprende que miles de mujeres sigan diariamente novelas como fue "Padre coraje" con la pobre Clara Guerrico donde la urgencia y el peligro acechan a cada instante.  Ella lo visita en la parroquia y se encierran juntos en el confesionario hasta que algún alma en pena los interrumpe solicitando los servicios del cura.  Ella acomodándose la ropa dice: "Padre, lo nuestro no puede ser, vamos a arder en el infierno" y el Padre Juan calla sus palabras con "el" beso.


Las que permanecen con un hombre que no puede, que no alcanza, que no sabe... con la tarea de transformarlos en un "hombre con todas las letras".  Haciendo de esto "su misión".


Como reconocerla:


Son mujeres geniales a la vista de las otras mujeres.  "¿Por qué está con ese?" se preguntan las amigas.  Trabajan y se las arreglan muy bien, aunque les podría ir mejor.  Su pareja es un "hombre" de 30 años aproximadamente, que aún vive con sus padres, con la excusa de que aún no tienen dinero para mudarse, o no quieren alquilar, por lo que están ahorrando para comprarse algo directamente.  Se dedican a la pintura o escultura, o tal vez están aguardando la inspiración para un nuevo proyecto.


Las que se posicionan "al lado de" un hombre pensado casi como ideal, poderoso, seductor e inteligente...  Transformándose en "la asistente" de él.  Prototipo de esto es la frase "detras de todo gran hombre siempre hay una gran mujer"... mujer que se siente borrada, anulada o dependiente.


Ellas son fáciles de reconocer.  Siempre les tienen las camisas planchaditas, les recuerdan eso que ellas siempre olvidan, les preparan el desayuno, la cena y el lunch para la oficina.  Van a verlos a todos sus partidos de fútbol (aún si juegan de arqueros) y suspenden reuniones con sus amigas solo porque "a él no le gusta que no esté en casa a la hora de la cena".


¿Por qué a la mujer de hoy le cuesta tanto encontrar el amor?  O será que el amor es siempre fallido de una u otra manera...  ¿Hay una vocación femenina de transformar a ese inmaduro en ese hombre con todas las letras?

Vuelvo a repetir: ¿tenemos las mujeres algo que ver en esto?

Quizás esta pregunta nos permita pensar qué se juega en nosotras en estas elecciones donde siempre lo más seguro y garantizado es el desencuentro eterno.  ¿Estamos tan convencidas que queremos compromiso, o familia, o aquellas cosas de las que tanto nos quejamos de no encontrar?


Muchas mujeres se quejan de que, casi como una profecía, siempre terminan con el mismo partenaire: el equivocado.  ¿Será esto casualidad?


El famoso psicoanalista francés Jaques Lacan, decía: "el deseo se lee por sus consecuencias".


¿Será que las mujeres realmente desean aquello que creen que desean?  ¿O será que también como mujeres podemos plantearnos si nosotras tememos al compromiso, si hay algo en aquel "mujeriego" que nos seduce, si la "otra" nos resulta misteriosa y enigmática, y ¿por qué no, impresindible en nuestra pareja...?


Tal vez cuestionar esto que tanto le achacábamos al otro nos haga movilizar algo de nuestro tan querido y arraigado círculo vicioso, o tal vez realmente él tengo toda la culpa.


¿Y entonces, cuál es el secreto?


Parece que el amor es siempre un poco desencontrado, hay siempre un punto de vacío, de preguntas, de incomprensión, de odio, de desconocimiento, de angustia...  pero esto es justamente lo que lo mantiene vivo y en movimiento.


Todo depende de cómo nos las arreglemos para soportar las diferencias, y hacer de ellas justamente lo más disfrutable.


El secreto del amor tal vez sea comprender que las relaciones de amor como los misterios, no son para ser entendidos sino para ser vividos.


Lic. Laura Hernández





abril 13, 2010

La Escuela (breve reflexión)

Algunas frases: "ya no son alumnos"; "ya no escuchan".  Y podríamos agregar, probablemente no hablen.  No en el sentido de que se hayan vuelto mudos, sino en el sentido de que tienen grandes dificultades para integrarse en "el hilo del discurso que distribuye, alterativa e imperativamente el lugar de cada uno: el que habla y el que escucha".

Distribuirse en el "hilo del discurso", significa que la palabra posee en sí misma una autoridad.  Dice Maurice Blanchot: "Hablar es siempre hablar según la autoridad de la palabra".
Se inaugura, pues un tristie destino, para esos nuevos alumnos mal instalados en la función simbólica, pues se encuentran de algún modo privados de enigma.  Al no hablar ya, según la autoridad de la palabra, tampoco pueden escribir ni leer.

Ciertamente, uno puede decidir que puesto que ya no lo pueden hacer, tampoco es necesario pedirles que lo hagan.  Y ésa es lamentablemente la posición de muchos pedagogos, posición que tiene sus consecuencias.
Hannah Arendt hace ya más de treinta años había previsto las consecuencias devastadoras que tendría para la educación de los niños las teorías pedagógicas que cuestionaban toda forma de autoridad: sin la autoridad bien entendida nos dirigimos directamente hacia el autoritarismo.

La autoridad no es ni la igualdad (que es lo que se procura construir) ni la coherción (que es lo que se busca proscribir).  La autoridad corresponde a una necesidad bien específica: la de introducir en un mundo preestablecido a los recién llegados por nacimiento.  Es necesario hacerse cargo de esta introducción, de lo contrario, "esta autoridad abolida por los adultos sólo puede significar una cosa, que los adultos se niegan a asumir la responsabilidad del mundo al cual han traído a sus hijos".  Debe haber un hilo generacional que atribuya autoridad para darle su lugar a cada generación.  Se debe instituir al joven como alumno.

Desde el punto de vista de la educación, la ruptura entre la modernidad y la posmodernidad es, pues, sobrecogedora: una generación ya no se ocupa de la educación de la siguiente.

Como consecuencia de este corte en la transmisión, el sujeto posmoderno se representa como in engendrado, en el sentido de que se ve en la posición de ya no deberle nada a la generación anterior.  E incluso ocurre lo contrario, es como si todo le fuera debido, pusto que se lo ha traído al mundo sin preguntarle su opinión.  Si así fuera, aún se nos escapa la medida de los efectos que pueda tener esta inversión de la antigua deuda simbólica.  Resulta evidente que este nuevo sujeto precario del posmodernismo es una víctima.  La única solución sería que el nuevo sujeto precario vuelva a tener acceso a la simbolización y recupere su dignidad.  Porque aunque estemos, como dice Roberto Juarroz:

Endemoniados por la palabra,
aunque no existen hace mucho los demonios.
Condenados por la palabra,
aunque no existan tampoco jueces válidos.
Malditos por la palabra, aunque hayan
cesado los conjuros y los brujos.
Mutilados por la palabra,
aunque se hayan perfeccionado las prótesis
y otros lenguajes parezcan aguardarnos.
Silenciados por la palabra,
que va consumiendo sus últimos rescoldos
como en un pacto indisoluble.
La palabra es una flecha ardiente
que llevamos clavada,
pero afuera está el frío sin límites.

No olvidemos: afuera está el frío sin límites.

Tatiana Reitman (Fragmento de "La dignidad del sujeto: palabra, cuerpo, goce) publicado en la revista Encuentros


marzo 19, 2010

Los tatuajes: ¿de qué marcas se trata?

Los que trabajamos en nuestra clínica con adolescentes nos encontramos muchas veces con pedidos de tratamiento realizados por padres desconcertados, antes o después de que sus hijos realizaran el acto de tatuarse, o nos pasamos varias sesiones escuchando sobre la elección del lugar del cuerpo para realizarlo, así como las dudas sobre qué símbolo será el que mejor los representará.

En lo actual de la clínica la marca del instante de haberse hecho "UNO", puede instituirse en signo de la moda, con lo cual aquello que constituiría una marca única y distintiva pasa a ser la marca de un artículo de consumo, según dicen algunos especialistas.  ¿Podemos pensar que estos mensajes mudos están allí para ser leídos por alguien, un "Otro".en una sociedad de consumo donde el llamando a la ley se hace imprescindible?  El cuerpo de los jóvenes ha sido legitimado por los medios de comunicación, instituyéndolo como lugar privilegiado de inscripciones varias.

¿Qué son los tatuajes?

La palabra tatuaje procede de la antigua lengua Tahití, donde esa práctica se denominó tatan, acto de dibujar.  Su origen se pierde en la noche de los tiempos y, aún cuando empezara siendo sólo un adorno, su empleo se mezcla con las creencias, modos de organización social y las costumbres de los pueblos que lo practicaron.


Son dibujos que se graban bajo la superficie de la piel, con inyecciones de tintura con colorantes.  Reproducen punzada tras punzada un dibujo o diseño elegido previamente por el futuro tatuado.


Recorriendo la historia de los mismos nos encontramos con que ha formado parte de rituales iniciáticos de pueblos incivilizados, que darían cuenta de la pertenencia a un linaje tribal; perpetuar recuerdos y conjuros; representar la protección de los dioses y/o ancetros y/o entidades superiores.


Escrito en el cuerpo


Segundo es un joven de 20 años que se realizó su primer tatuaje cuando tenía 15 sin autorización de sus padres.  Relata que se lo vio a un amigo y que le gustó y ahorró plata para hacérselo.  Un día se quedó a dormir en lo de su amigo y éste lo acompañó y "ya está, me tiré en la camilla, apreté los dientes y después de dos horas ya estaba".


"Ya estaba", había ingresado al lugar de los que se animan, ahora pertenecía al grupo de los valientes.  Lo mismo que los primitivos, buscaba un lugar, adquiría un objeto de consumo masivo con valor de marca de iniciación a la sexualidad casi ritual, a la vez que la imagen era ofrecida a la mirada de los otros: una mujer con una espada sobre el omóplato la cual él no podía ver.  Cuerpo mirado, objeto mirada que sirve para mostrar pero también para esconder... ojo omnivoyeur.  Trípode que sostiene al tatuaje: cuerpo, piel y mirada.


Portadores de tatuajes que concitan el interés del semejante sobre sí, pero escamotean aunque sea por un momento, la siempre angustiante mirada de la mantis.  Para algunos adolescentes tatuarse hace de ese cuerpo desconocido que reciben, una piel dibujada como la de sus próximos, que les sirve como denominador común para pertenecer a un grupo, así como para descompletar a sus seres queridos cayendo los ideales que sobre ellos pesan, sacrificando una parte de su narcisismo infantil transformándose, a veces, en ofrenda viva.


A los 17 años ya no era un símbolo fálico lo que selló aquel joven sobre su cuerpo, sino la figura de un Jesús en el brazo derecho.  ¿Invocaba potección a los poderes supremos?  Amuleto para conjurar el poder supuesto de un Otro maléfico ¿apelando a la figura del padre?  Por cierdo no es menor el dato de que su padre había fallecido a los 33 años igual que Jesús, en un accidente de auto luego de haber tenido infinidad de accidentes.  Los primeros cristianos tenían la costumbre de tatuarse una cruz, el nombre de Cristo, un pescado o un cordero como signo de identificación y pertenencia religiosa.


A los 18 años lo tatuado fue el número 33 en el cuello abajo del pelo ¿es su función en este caso imprimir la pérdida de un objeto de amor, o marcar un pasaje, o repetir produciendo diferencia, una situación traumática?  El tatuaje también aparece frente a pérdidas reales, nos dice Silvia Reisfeld, que en su experiencia responde a dos vertientes principales: el procesamiento de duelos y la temática de la identidad.


El padre de Segundo padeció desde su adolescencia de una psoriasis virulenta que marcaba su espalda, brazos y piernas con costras que cuando se reducían dejaban marcas en la piel... piel que da cuenta de un órgano complejo que sirve de expresión de los conflictos psíquicos, inscripción directa en el cuerpo como consecuencia de un afalla simbólica.  Así, lo que no puede encontrar en su lugr en el texto, vuelve... en lo real del cuerpo.


Mientras Segundo marcaba su cuerpo, iba atravesando diferentes etapas en su vida y en su análisis, poblados ambos de actings, algunos poniendo en riesgo su vida, chocando con el auto en varias oportunidades, tomando alcohol en forma desmedida y perdiendo el control de todo, donde las peleas callejeras varias veces nos hicieron temer por su vida.  En esa época decidió marcarse con un hombre caído sobre un caballo, caído pero no muerto... dijo en ese momento, el caballo lo salvó, aclaró luego.  Hay una especie de fascinación al elegir los diseños y sólo a posteriori se le otorgan un significado, dice Reisfeld.


El siguiente tatuaje que se realizó fue el resultado de un pacto entre hermanos: cuatro letras chinas que representan las iniciales de sus hermanos y la de él, pacto simbólico que deberán cumplir uno a uno cuando lleguen a la mayoría de edad.


Pacto de amor eterno que vuelve a celebrar con un último tatuaje donde lo que se inscribe es el nombre de una joven de la cual se enamora y con la cual puede mantener un noviazgo desde hace dos años, mujer que lo calma y lo encauza. "Me salvó la vida" dice en una ocasión.  Ha sacado sus emblemas del bolsillo, podría pensarse.  En este contexto, sus tatuajes, en tanto escritura corporal, adquieren un valor metafórico.  Actualmente, a los 22 años, dice que encontró lo que le apasiona en la vida: ser cuidador de caballos...


Concluyendo con este pequeño acercamiento a la temática, que sólo es una invitación a pensar, se puede decir que en la clínica cada tatuaje debe ser tratado en su singularidad, considerando el momento de su realización y el enigma-estigma que invita a su lectura.  Muchas funciones vemos ante nosotros que pueden tener los tatuaejs, recorte de la mirada, objeto que reemplaza las palabras, etc.  Lo que debería importarnos es que la gramática del cuerpo relata una historia de tigres, dragones, cruces, símbolos, libro simbólico viviente.


Los tatujes se mira, se tocan, se muestran.  Están para ser leídos, historia escrita en el cuerpo para ser contada al otro, marcas de permanencia, cuerpo dispuesto para la narración.  Si hay posibilidad de que algo sea leído es que hubo escritura y si hubo escritura hubo letra y el recorrido nos lleva al golpe de la pulsión en el cuerpo.  Nuestra ética del psicoanálisis nos permite leer los signos de goce en el cuerpo y abordarlos desde la clínica.


¡Qué no pudo escribirse, o es un modo de presentarse lo escrito!


Respuesta no tengo; hipótesis, varias; dudas, una infinidad.  Las iré desplegando en el encuentro singular de cada caso con el que me enfrente la clínica.


Lic. Jacqueline Danniaux
Trabajo publicado en la revista Encuentros

febrero 14, 2010

La televisión

Los niños de hoy día se encuentran con frecuencia ante la pantalla antes de empezar a hablar. Podemos entender por qué. Es el único instrumento que permite mantener tranquilos a los niños sin tener que ocuparse de ellos. Y esto no puede dejar de tener consecuencias en la función simbólica y las formas de simbolización. Según la UNESCO "los niños pasan un promedio de tres horas por día frente a la pantalla chica lo cual representa al menos un 50% mas de tiempo dedicado a ese medio que a cualquier otra actividad paraescolar, incluidas las tareas para el hogar, pasar el tiempo en familia, con amigos o leyendo". Y la publicidad omnipresente y agresiva, constituye un medio de adiestramiento precoz para el consumo y una exhortación a la monocultura de la mercancía. Los publicitarios mas ageresivos han comprendido claramente qué ventajas podían obtener del derrumbe posmoderno de toda figura del Otro: tampoco vacilan en recomendar precipitarse en la fragilidad de la familia y la autoridad para instalar marcas, nuevas referencias". (folleto distribuido en el Coloquio del Institute for International Research llevado a cabo los días 26 y 27 de febrero de 2002 en París, cuyo tema era "Adoptar una comunicación con un objetivo preciso para llegar al corazón del universo del niño"). Las marcas entendidas como las nuevas referencias: aquí estamos en el corazón mismo de una operación ideológica inédita, portadora, no dudamos, de efectos clínicos considerables en nuestras sociedades posmodernas.

Además está la violencia de las imágenes: a los 11 años un niño medio ha visto alrededor de 100.000 actos de violencia y habrá asistido a 12.000 asesinatos. Y nos encontramos con que siendo de una generación que criticó los cuentos de las abuelas, con sus ogros, brujas y lobos queremos reivindicarlos, ya que descubrimos diferencias cruciales: 1) la abuela al mediatizar el horror lo integraba en el circuito enunciativo y lo volvía, de algún modo, aceptable; 2) existe una neta diferencia entre el universo netamente imaginario del ogro del cuento que obliga al niño a concebir ese universo como otro mundo (el de la ficción) y el universo muy realista de las series televisivas con riñas, violencia, violaciones y asesinatos, sin distancia con el mundo real.

Además, transmitir un relato es, en efecto, transmitir contenidos, creencias, nombres propios, genealogías, ritos, obligaciones, saberes, relaciones sociales, pero es también y sobre todo, transmitir el don de la palabra. Es hacer que pase el habla de una generación a otra, de manera tal que el destinatario del relato pueda, a su vez identificarse como sujeto y, partiendo de ese punto, situar a los demás alrededor de sí, antes de sí, y después de sí. Es indispensable instituir al sujeto hablante. Si esta antropoinstauración no se da, la función simbólica sencilla o más vale, complicadamente, no se transmite.

Incapaz de transmitir por sí sola el don de la palabra, la televisión pone el peligro la construcción simbólica de los recién llegados y pone trabas al traspaso del legado mas precioso: la cultura.

Lic. Tatiana Reitman

Fragmento del artículo "La Dignidad del Sujeto: Palabra, Cuerpo, Goce", publicado en la revista Encuentros del Colegio de Psicólgos de San Isidro